PUTOS CUERPOS

Se preguntarán porque mierda me demoré tanto. Sólo lean. (si no tiene idea de qué historia estoy continuando, no es digno de leerme...bueno, vaya 2 historias atrás)
Bárbara al teléfono:
-Oye linda, el encuentro es a las 22 horas, este sábado, mejor anda sola esta vez.
- Bueno...¿tú vas con alguien?
- No, esta vez iré sola...
- Perfecto, adiós
- Chau!
Estaba todo listo. 5 personas más estarían allá. No sabía como eran, que hacían o como lo hacían. Iba en camino a algo impredecible lo que causaba un cosquilleo caliente entre las piernas.
Toqué el citófono en el 12º piso.
- Sí?
- Hola, soy Carola, me invitó Bárbara.
- ¡Llegaste! te estábamos esperando, te abro al tiro.
Yo me he tirado a gordos, flacos, feos, modelos, rubias, morenas, jóvenes y viejos...pero jamás a tanta gente revuelta. Y como esta mente perversa no para de trabajar, imaginé muchas noches mis gemidos ahogados bajo miles de cuerpos, recibiendo placer de ese que paraliza, que te desgarra por dentro.
Golpeé la puerta y me recibió un tipo de unos 40 años, alto, canoso, de tez blanca y ojos cansados. Era un viejo rico parecido a los que me topo en el trabajo. Luego supe que su nombre era Waldo Rodriguez, un narcotraficante del sector oriente que trabaja principalmente vendiendo durante el invierno en algunos centros de sky. El resto del año se da la vida de gozo, quien como él!.
Me hizo pasar tomándome de la cintura. Lo primero que vi fue a Bárbara, con unos jeans claros y polera blanca, tan simple, tan exquisitamente niña. Una niña calentona, claramente.
Me saludó como si no existiera mañana, me dijo al oído mientras me abrazaba "no puedo creer que hayas llegado, disfrútalo" Mi trabajo consiste en disfrutar, iba dispuesta a todo, aunque tenía un presentimiento extraño.
Muchos de mis clientes están bien cagados de la cabeza, pero siempre soy yo la dueña de la situación, esta vez no lo sentí así y eso me incomodaba. Me incomodaba no saber a ciencia cierta con quienes trataba.
2 mujeres más me miraban desde sus asientos, mientras que dos hombres preparaban tragos en la cocina. Se notaba que yo era pajarito nuevo, ellos conversaban con tanta confianza y fluidez mientras yo observaba imaginando quien me tocaría primero.
Ahí figuraba Mónica, por lo que entendí era estudiante de Sicología de la USACH, un tanto hippie para mi gusto pero con tremenda delantera y bonitos ojos. Andaba con su pololo Eduardo, un quimico farmacéutico con cara de idiota y carácter antisocial. Un reprimido sexual a simple vista.
A mi lado estaba Waldo, quien en cada instante buscaba tocar mi pierna con su mano, buscando quizás proximidad con mi cuerpo, pero yo estaba esquiva aún, incluso queridos/as podría decirles que deseaba elegir, coquetear, calentar las aguas con mi silencio. En otras palabras me estaba haciendo la huevona.
Claudia estaba a mi otro lado. Era argentina de apróximadamente unos 30 años y que a simple vista se había operado hasta el alma. Con mirada lasciva se reía como tontita sin cerebro de cualquier cosa que decíamos y fumaba sin parar. Era el prejuicio y estereotipo de argentina imbecil delante mío.
Todo este cuadro lo completaba Daniel, un tipo guapo, veterinario de profesión y quien venía por primera vez por invitación de Waldo. Aún se notaba en su cara el carrete de la noche anterior, o sea, la cara de coquero no se la quitaba nadie. Pero guapo, guapísimo. Típico canalla que es rico calentar.
La noche avanzó y las copas fueron haciendo el ambiente más distendido. Claudia fue la primera en sacarse la polera y pasearse en sostenes sacando sushi de la mesa. Waldo atinó de inmediato (ni huevón) y también se sacó la camisa. Se sentó junto a Claudia y mientras conversaban le acariciaba suavemente sus infladas pechugas, ella juguetona rozaba su pene que se notaba duro bajo el pantalón.
Me hizo pasar tomándome de la cintura. Lo primero que vi fue a Bárbara, con unos jeans claros y polera blanca, tan simple, tan exquisitamente niña. Una niña calentona, claramente.
Me saludó como si no existiera mañana, me dijo al oído mientras me abrazaba "no puedo creer que hayas llegado, disfrútalo" Mi trabajo consiste en disfrutar, iba dispuesta a todo, aunque tenía un presentimiento extraño.
Muchos de mis clientes están bien cagados de la cabeza, pero siempre soy yo la dueña de la situación, esta vez no lo sentí así y eso me incomodaba. Me incomodaba no saber a ciencia cierta con quienes trataba.
2 mujeres más me miraban desde sus asientos, mientras que dos hombres preparaban tragos en la cocina. Se notaba que yo era pajarito nuevo, ellos conversaban con tanta confianza y fluidez mientras yo observaba imaginando quien me tocaría primero.
Ahí figuraba Mónica, por lo que entendí era estudiante de Sicología de la USACH, un tanto hippie para mi gusto pero con tremenda delantera y bonitos ojos. Andaba con su pololo Eduardo, un quimico farmacéutico con cara de idiota y carácter antisocial. Un reprimido sexual a simple vista.
A mi lado estaba Waldo, quien en cada instante buscaba tocar mi pierna con su mano, buscando quizás proximidad con mi cuerpo, pero yo estaba esquiva aún, incluso queridos/as podría decirles que deseaba elegir, coquetear, calentar las aguas con mi silencio. En otras palabras me estaba haciendo la huevona.
Claudia estaba a mi otro lado. Era argentina de apróximadamente unos 30 años y que a simple vista se había operado hasta el alma. Con mirada lasciva se reía como tontita sin cerebro de cualquier cosa que decíamos y fumaba sin parar. Era el prejuicio y estereotipo de argentina imbecil delante mío.
Todo este cuadro lo completaba Daniel, un tipo guapo, veterinario de profesión y quien venía por primera vez por invitación de Waldo. Aún se notaba en su cara el carrete de la noche anterior, o sea, la cara de coquero no se la quitaba nadie. Pero guapo, guapísimo. Típico canalla que es rico calentar.
La noche avanzó y las copas fueron haciendo el ambiente más distendido. Claudia fue la primera en sacarse la polera y pasearse en sostenes sacando sushi de la mesa. Waldo atinó de inmediato (ni huevón) y también se sacó la camisa. Se sentó junto a Claudia y mientras conversaban le acariciaba suavemente sus infladas pechugas, ella juguetona rozaba su pene que se notaba duro bajo el pantalón.
Yo de puritana no tengo nada, pero me dio pudor. Una cosa es ver porno con un cliente pornodependiente, pero otra cosa es ver en una reunión que parecía un carrete de amigos a 2 personas a punto de follar en el sillón.
La argentina era una puerca exquisita. Exhibicionista miraba de reojo sabiendo que de a poco iba mojando y dilantando nuestros sexos.
Todos mirábamos. Mirábamos y nos teníamos ganas. Seguíamos mirando como Waldo y la argentina tetona sucumbían al placer sobre un sillón, sin verguenzas.
Mónica miró a Eduardo y en un siantamén estaba arrodillada mientras él sacaba su grueso pene a través del cierre. Ella se rió y le desabrochó el pantalón para bajarselos, comenzó a besarselo para luego meterlo entero a su boca. Una diosa con la lengua. Y ahí estaba el antisocial de su novio tomandole el pelo con rudeza para manipular sus movimientos de cabeza. La empujaba con fuerza hasta lograr que ella metiera hasta el fondo su pene. Extasiada con los ojos llorosos la hippie se saco la polera y sostén para rozarle sus pechos entre sus piernas.
Bárbara, el veterinario y yo seguíamos mirando. Ya-pensé- dejemonos de pendejerías. Caminé firme por el comedor, mientras sentía mi calzón húmedo por las ganas. Agarré a Bárbara y le di un beso profundo e íntimo. Daniel podía esperar.
Mónica miró a Eduardo y en un siantamén estaba arrodillada mientras él sacaba su grueso pene a través del cierre. Ella se rió y le desabrochó el pantalón para bajarselos, comenzó a besarselo para luego meterlo entero a su boca. Una diosa con la lengua. Y ahí estaba el antisocial de su novio tomandole el pelo con rudeza para manipular sus movimientos de cabeza. La empujaba con fuerza hasta lograr que ella metiera hasta el fondo su pene. Extasiada con los ojos llorosos la hippie se saco la polera y sostén para rozarle sus pechos entre sus piernas.
Bárbara, el veterinario y yo seguíamos mirando. Ya-pensé- dejemonos de pendejerías. Caminé firme por el comedor, mientras sentía mi calzón húmedo por las ganas. Agarré a Bárbara y le di un beso profundo e íntimo. Daniel podía esperar.
Todo bien. Lo grave viene después. Por culpa de es mierda estuve un año con la PDI encima mío. Me pasa por puta.
continuará.
pd: qué es eso de twitter? me hice uno y no entiendo nada.


